CHARLES CHAPLIN -para compartir-
Si hoy, en vez de ser el año 1998, fuera 1977, yo tendría 21 años menos, y sabríamos ya que ha muerto Charles Chaplin, el creador de Charlot o, como lo conocíamos nosotros, Carlitos.
Charles Spencer Chaplin (en los documentos) nació en Inglaterra en 1889. Sus padres fueron humildes artistas de varieté.
En 1913, de gira por Estados Unidos, lo ve el director Mack Sennett, quien lo invita a incorporarse a su compañía. Es por entonces que Chaplin comienza a crear a Carlitos. Era una época de la comedia en la que la sola “presencia cómica” del actor aseguraba los aplausos. Pero más tarde no alcanzó con parecer cómico, también había que hacer cosas cómicas. Y a él (persona y personaje) le sobraba paño.
Rápidamente Carlitos levanta vuelo, deja de ser “objeto cómico” para humanizarse cada vez más. Ya no se trata de usar cualquier “gag”, éstos tienen que adecuarse al perfil del personaje. En El empleador hay un ejemplo bárbaro; Carlitos está empapelando un departamento. La dueña, que desconfía del trabajador, cierra los armarios con llave; como respuesta Carlitos cierra sus bolsillos con alfileres de gancho; al insulto contesta con altivez, defendiendo su dignidad.
Pero si hay un área en la que los Estados Unidos representaron para Chaplin un cambio de fondo, ésta fue el área económica, sin duda muy distinta a lo que fue su pobre infancia. Senett lo contrata para Keystome por 175 dólares mensuales (recuerden que no son los dólares de hoy). Ya al año siguiente, en 1915, su contrato, con la compañía Essanny fue por 1.250 dólares…semanales. Un año después firma con la Compañía Mutual: el contrato contempla una prima de 150.000 dólares y 10.000 por semana. Lo que se dice “un progreso”. Pero no termina allí la escalada, hay más. En 1917 firma con la First National un contrato para hacer ocho películas en dieciocho meses. ¿La platita? 1.075.000 dólares de aquéllos.
Sin embargo, no todo en la vida es plata, aunque, y de acuerdo con el saber popular, “Con plata es más fácil” (y si no me cree, haga este ejercicio: piense en estar igual que ahora…, pero con menos plata).
En cuanto al amor y al matrimonio, que no siempre son la misma cosa, lo suyo fue movidito. Su primera esposa fue Mildred Harris. La segunda: Lita Grey, con la que tuvo dos hijos. La tercera: Paulette Goddard. La cuarta y última: Oona O´Neil, con quien tuvo seis hijos.
Carlitos llega hasta Tiempos modernos. Es imposible seguir con él en el tiempo del cine sonoro. De allí la escena final de esa película, donde se aleja del brazo de un muchacho representando su verdadero “adiós”.
Con excepción de La parodia de Carmen, la obra de Chaplin se ubica en el siglo xx. En no necesita ir hacia atrás en la búsqueda de temas y conflictos universales, los encuentra a la vuelta de cualquier esquina. Quizás esa cercanía tan suya a la sátira política es la que le ganó tantas críticas. De la época sonora, cuando Carlitos ya es historia, sólo nombraré dos películas: Candilejas y Un rey en Nueva York. Bastan para ver que Chaplin fue mucho más que Carlitos
ACTIVIDAD PARA PENSAR
Ya que estamos con el cine, en esta ocasión no te invitaré a participar de un juego, sino que el desafío será hacerte reír a través de “un cacho de cultura”. Debes saber que la risa es la musa de la creatividad, y que la cultura es la sabiduría te permite descubrir que eres ignorante.
El calambur, es el juego de palabras por antonomasia; se nutre fundamentalmente de las asociaciones que pueden surgir en el habla cotidiana. Son muchos los episodios ludolingüísticos situados en los ambientes cortesanos que vieron nacer este género de la mano del marqués de Bièvre.
Francisco de Quevedo, el genial escritor español, frecuentaba la corte del rey Felipe IV y acabó ganándose su confianza. En una ocasión en que se hallaba ante su majestad, el monarca desafió al escritor a que le dijera a la reina que era paticoja, sin que ella, naturalmente, se diera por aludida.
Quevedo entonces mandó a buscar un par de flores y ofreciéndoselas, una en cada mano, le espetó a la reina: “Entre el clavel y la rosa su majestad escoja”. La reina objeto de la burla de don Francisco fue, según todas las citas, Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV, que por cierto era muy guapa y popular.
