¿CÓMO TOMAMOS DECISIONES? - Una mirada desde las neurociencias (Parte I)
Autor: Dr. Mgtr. Daniel Deu
¿QUIÉN DECIDE? ¿YO O MI CEREBRO?
Cuando me propusieron escribir este artículo, no dudé una milésima de segundo para aceptar el desafío. Los que me conocen saben que no creo en la suerte, el ojalá, y menos aún, en las casualidades, pero el día anterior había dado una “charla al paso” sobre cómo tomamos decisiones en la Universidad Nacional de Luján, orientada a estudiantes y docentes de la carrera de Comercio Internacional. Sinceramente, fue tal el entusiasmo que se generó entre los participantes, que al final de la charla pensé en escribir un artículo sobre el tema.
Debo aclarar que escribir un artículo periodístico relacionado con las decisiones que se toman en el ámbito político, social, económico, de salud y educación, requiere de otros ingredientes adicionales y de varias preguntas que me veo obligado a plantearme. Por ejemplo: ¿Le puede interesar este tema a las personas que les va muy bien con sus decisiones? ¿Podría serles de utilidad a quienes ocupan o quieren ocupar importantes cargos públicos o privados? ¿Qué podría aportarles a los empresarios que atraviesan serias dificultades y tienen la necesidad de tomar decisiones determinantes? ¿Y a las autoridades del área de educación y salud, que actualmente se ven envueltas emocionalmente en una profunda crisis? ¿El ministro de economía está al tanto de que muchas de sus decisiones fueron alimentadas por información incompleta y sesgada que pueden llevarlo a tomar decisiones irracionales? ¿Qué opinan los jueces cuando recurren a información nemónica y no están al corriente de que sus archivos de memoria se reactualizan cada vez que recurren a ellos, generando una especie de ilusión o fantasía que se aleja del recuerdo original? ¿Alguien se preguntó alguna vez si gozamos realmente del libre albedrío al momento de tomar nuestras decisiones? Estoy convencido de que intentar dar respuesta a cada una de estas preguntas, es un desafío más que interesante para escribir este artículo. Además, veo con muy buenos ojos que el conocimiento científico pueda llegar al común de la gente. Estás invitado a introducirte conmigo al mundo de las neurociencias -complejo, pero no inaccesible- y su relación con nuestros procesos de la toma de decisiones.
EL ERROR DE DESCARTES
Este memorable filósofo es el autor de una frase muy popular que ha perdurado a lo largo de los siglos: “Pienso, luego existo”. El aserto, acaso el más importante en la historia de la filosofía, aparece por primera vez en la cuarta parte de El discurso del método (1637). Descartes suponía que pensar era una actividad ajena al cuerpo, su fórmula afirmaba la separación de la mente, “la cosa pensante” (res cogitans), del cuerpo no-pensante, eso que tiene extensión y partes mecánicas (res extensa).
Imagina por un instante que te encuentras con algún científico del campo de la neurobiología y le dices que eres un devoto ferviente de la línea dualista de pensamiento. Más que probable, casi con certeza te responderá que no comparte tu posición ya que “empezamos siendo, y sólo después pensamos”. Es decir, primero debe existir un organismo biológico y después el pensamiento. A diferencia de Descartes, la neurociencia moderna no acepta la separación abismal entre el cuerpo y la mente, entre sustancia medible, dimensionada, mecánicamente operada e infinitamente divisible del cuerpo, por una parte, y la sustancia sin dimensiones, no mecánica e indivisible de la mente, por la otra.
Desde esta postura, la mente humana requiere de una perspectiva organísmica; que la traslade desde un cogitum no físico al campo del tejido biológico, conservando su relación con un organismo global que posee un cuerpo propiamente integrado y un cerebro, ambos, plenamente interactivos con un entorno físico y social.
Mi tesis de maestría parte de la idea de que el hombre es un ser multidimensional: plano físico, mental, emocional y espiritual, con expansión creativa e innovadora infinita. De ahí que sostengo fervientemente que el límite del hombre es el hombre en sí mismo. Para potenciar y desarrollar sus talentos solo requiere de una simple decisión: ¡ATREVERSE! Esta fue nuestra visión para desarrollar el proyecto N.M.O.: “Wake up and do it”
¿DECISIONES O SIMPLEMENTE HÁBITOS?
Se ha llegado a la conclusión de que el encéfalo humano es una precisa red que contiene 100.000 millones de células nerviosas delimitadas, que se interconectan en sistemas que permiten la percepción del mundo externo, centran la atención y controlan la maquinaria de la acción. También, se ha concluido a traves de innumerables investigaciones que en nuestro cerebro se producen alrededor de 100.000.000 de sinapsis que comunican unas neuronas con otras. Para que tengas una idea, si se pudieras contar 1.000 sinapsis en el lapso de un segundo, tardarías aproximadamente 32.000 años en finalizar tu titánica tarea. Lo sorprendente del caso es que la mayor parte de nuestras acciones cotidianas se relacionan con hábitos y no con decisiones. En un proceso de decisión debe haber al menos dos alternativas que considerar y simulaciones varias sobre las consecuencias de la elección. En cambio, el hábito es automático, y se cree que en él no existe el libre albedrío. Entonces, cabría preguntarnos: ¿Nuestras decisiones nacen en el inconsciente? Sabemos que a partir de la actividad en una región de la corteza frontal es posible descifrar el contenido de una decisión unos segundos antes de que una persona sienta que la está tomando. Esto significa, que cuando tomamos efectivamente una decisión, desconocemos que en realidad unos segundos antes, el cerebro ya decidió por nosotros. Hasta ahora se cree que nuestra consciencia no tiene la capacidad ni la libertad de dar inicio a una acción, y que esto es una función del inconsciente, sin embargo, una vez que esta acción se vuelve observable para su propio registro, la consciencia podría manipularla y eventualmente frenarla. La experiencia nos demuestra que actuar sin pensar puede generar, y de hecho esto ocurre, consecuencias desfavorables para nosotros mismos.
¿PIENSAS CON LA CABEZA O CON EL CORAZÓN?
Cuenta la historia que, durante la Segunda Guerra mundial, el gran líder inglés Williams Churchill debió tomar una decisión determinante al enterarse de que la Ciudad de Coventry, una zona industrial con más de 180.000 habitantes sería bombardeada por unos 450 aviones de la Lutwafe alemana, preparados para arrojar 150.000 bombas incendiarias. El hecho efectivamente ocurrió el 14 de noviembre de 1940 a partir de las 19:00 horas; la lluvia de bombas duró aproximadamente hasta las 2 de la mañana. Murieron más de 550 personas y varios de miles resultaron heridas como consecuencia directa de las explosiones del bombardeo masivo y los incendios que se desataron como consecuencia de las bombas incendiarias. Lo curioso de este hecho es que Williams Churchill ya sabía dos días antes la existencia del ataque. Contar con esta información fue posible gracias a un algoritmo creado por Alan Turing (considerado el padre de la inteligencia artificial) que permitió descifrar el temido código Enigma de los nazis, e interceptar una comunicación del Reich donde se decía que se iba a bombardear la ciudad de Coventry. ¿Y por qué Churchill no evacuó y permitió tantas muertes? Su decisión de no hacerlo obedeció a que si se evacuaba la ciudad los nazis iban a sospechar que se había descifrando su código Enigma, y de esta forma se comprometía la ventaja en la guerra para salvar miles de vidas más. Es por ello que prefirió aceptar las consecuencias que provocó la muerte de muchos civiles inocentes.
Y aquí cabe otra pregunta: ¿Fue una decisión racional o emocional? Te invito a que lo pienses por unos segundos. En el caso de que todavía tengas alguna duda, te comento que la neurociencia ha descubierto que en nuestras conductas decisionales influye más nuestro estado inconsciente que el consciente. Por otra parte, considera que la emoción desde un punto de vista temporal de procesamiento de la información y de la amplitud de los síntomas corporales asociados a la misma, inciden cientos de milisegundos antes del proceso cognitivo previo a la ejecución. Visto así, no cabe duda de que la emoción precede a la razón.
¿SOMOS RACIONALMENTE IRRACIONALES?
En una entrevista reciente alguien me pidió que ejemplificara una conducta irracional. En forma automática apareció en mi mente un juego de azar: la lotería. A cuantas personas les gusta “comprar un billetito” a sabiendas de que sus posibilidades para ganar son remotas. ¿No es acaso esta una decisión irracional? Invertir dinero para no obtener nada a cambio. Contestar esta pregunta da lugar a muchas interpretaciones, pero lo que sabemos fehacientemente es que el cerebro convierte la información obtenida a través de los sentidos en un conjunto de votos a favor –recompensa- de una u otra opción a elegir. Esos votos se acumulan hasta alcanzar un umbral en el que nuestro cerebro considera que la recolección de evidencia es suficiente para tomar una decisión. Obvio, que cuanto más incompleta la información, más lenta resulta la acumulación de evidencia. Sin embargo, el cerebro tiene la capacidad de calcular con precisión cuál es la evidencia suficiente para tomar la decisión. Esto lo puede hacer en base a una combinación de circuitos neuronales. Lo maravillo del asunto es que en la mayoría de los casos el ajuste adaptativo óptimo que hace el cerebro es inconsciente. Comprender los mecanismos neuronales que subyacen en los procesos que implican riesgos y recompensas, es dar un paso gigante en el entendimiento de las decisiones irracionales que tomamos en nuestra vida. Si me preguntas a mí, no tengo la menor duda de que he tomado y tomo muchas decisiones irracionales, aunque en más de una ocasión haya intentado conscientizarlas. Tal vez tomé una decisión irracional escribiendo este artículo. Emocionalmente estoy feliz de hacerlo y compartir mis conocimientos contigo.
ACTIVIDAD PARA PENSAR
¡A JUGAR!
En base a las investigaciones que vengo desarrollando desde hace tres décadas, y apoyado en las neurociencias, puedo afirmar que las actividades lúdicas son, por un lado, acciones fundamentales para fortalecer el “atletismo cerebral” y, por el otro, destacar su importancia a la hora de generar ideas creativas y enriquecer la gestión de procesos innovadores. En lo que respecta a la determinación de su valor económico, me basaré en el ejemplo del ajedrez, para afirmar que es estrepitosamente valioso.
Desafío: estas tres cajas son idénticas: ¿cuál es la decoración de la cara inferior de la última caja? Puedes enviar tu respuesta a direcciónnmo@gmail.com Fuente: “Test de inteligencia”, Ediciones De Mente, 2010.-