POR DANIEL DEU

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CULTURA ARGENTINA (Parte III) - "Entre la estancia y Paris"

Para cuando la Argentina se dio, finalmente, una moneda nacional, hacía ya un par de décadas que el país se venía insertando en el mundo como exportador de productos agropecuarios.  Para los sectores más encumbrados de la sociedad (las elites, como se diría más tarde; la clase alta o la gente distinguida, como se decía entonces) hacia 1880 comenzaba una era dorada, que al igual que su modelo francés, la “Belle époque”, luego sería añorada.  Fueron, para nuestras elites, literalmente años de vacas gordas y mieses doradas.

 

El ojo del amo engorda el ganado

La tradicional riqueza ganadera de provincias como Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos estaba por entonces en un acelerado proceso de transformación.  De la producción de cueros y grasa, que fue la base principal de nuestras exportaciones hasta la época de Rosas, por un par de décadas se había pasado al boom de la lana.  Para 1880, la ganadería en las ricas tierras de la llanura pampeana regresaba al ganado vacuno, pero con razas importadas de Europa (Shorthorn, Hereford, Holando, Charolais), y el necesario cambio en las pasturas con que se lo alimentaba.  Sus carnes pronto se valorizaron gracias a la llegada del frigorífico, mediante un método eficaz para congelarlas, primero, y para enfriarlas, luego, lo que dio un sello “Produce of Argentina”, estampando en los lienzos que cubrían las reses, el significado de máxima calidad.

El resultado de las innovaciones dio sus buenos dividendos.  Según las estadísticas elaboradas por Juan Álvarez, uno de nuestros primeros historiadores económicos; el precio del novillo en Buenos Aires rondaba entre 20 y 25 pesos oro cuando se los exportaba en pie (con un costosísimo flete y poca carga por envío); pasó a un promedio de 38,25 en 1900, cuando las carnes se exportaban congeladas ya en abundante cantidad, y a más de 53 pesos oro en 1910, luego de que se generalizasen los envíos del Argentine chilled beef (carne vacuna enfriada).

 

Las doradas mieses

Según los historiadores, hay que atribuir a la agricultura extensiva una parte importante de ese logro ganadero.  Gracias a la labor de los colonos y arrendatarios, en su mayoría “gringos” llegados con la inmigración masiva, buena parte de los campos de la llanura pampeana fueron desmalezados de sus duros pastos naturales y mejorados para -vencido el plazo de arriendo- utilizarlas como tierras de buenas pasturas, como lo pedían las “mochas negras” Aberdeen Angus o las “coloradas” Hereford.

Pero no solo de carne vivió el boom de esa Argentina agroexportadora.  Pronto vio que la agricultura era un buen negocio, por la creciente demanda de trigo, maíz, cebada y lino, los grandes commodities de entonces en el mercado mundial.  Las exportaciones agrícolas crecieron en volumen y valor, hasta el punto en que, hacia 1910, el poeta Leopoldo Lugones podía unirlas a las de carnes en su “Oda a los ganados y las mieses” (la mies es la semilla con la que se hace el pan) que saludaba la riqueza de esa Argentina considerada como el granero del mundo.

Fuente: Clarín, “Billetes y estampillas de los 200 años: muchas monedas y ninguna.  Revista 3, Arte Gráfico Editorial Argentino, 2010.-

ACTIVIDAD PARA PENSAR

A JUGAR!

En 1880 la Argentina tenía muchas cosas “de más”, y otras tantas “de menos”.  Y de eso se trata el desafío que te presento.  A continuación, se encuentran los números impares del 119 al 175, pero falta uno y a su vez, hay un infiltrado.  ¿Cuáles son? 

(La solución la puedes enviar a info@nmoneurocapacitacionludica.com)

 

 

Fuente: Espíndola, Romina Giselle “Neuronas en juego”, Ciudad de Buenos Aires, 2022.-

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