CULTURA ARGENTINA (Parte IX) - “Del tranvía al colectivo”
Desde la instalación en 1870 del primer tendido de tranvías en Buenos Aires, el transporte público de pasajeros fue creciendo en nuestras ciudades, al mismo tiempo que los barrios se extendían y la población crecía. Claro que no siempre lo hacían al mismo ritmo, por lo que ya para las primeras décadas del siglo XX cualquier argentino urbano consideraba que “viajar era un calvario”.
Llega el eléctrico
Los primeros servicios tranviarios, tirados a caballo, sirvieron para comunicar el centro de los barrios más distantes. Para 1876, la Compañía Anglo-Argentina (que en 1911 obtendría las primeras concesiones para el subterráneo) dominaba el panorama en el transporte público porteño.
Inauguró la primera línea de tranvía eléctrico, que iba desde Plaza Italia hasta Heras y, el entonces, Canning (hoy Scalabrini Ortíz). Los nuevos servicios fueron reemplazando a los de tracción a sangre. El boleto, inicialmente, no era muy económico, pero en décadas posteriores se fijaría una tarifa reducida en determinados horarios para facilitar su uso por los trabajadores.
Un invento argentino
Pese a que el ferrocarril y el tranvía cubrían gran parte de las calles y avenidas en forma de abanico, vinculando el centro con los barrios y localidades suburbanas como Quilmes o San Isidro, el explosivo crecimiento demográfico de la capital daba siempre oportunidad para inventar algo nuevo.
Ni el creciente número de autos de alquiler (tanto en la forma de remise como la de los, para la época, más novedosos taxímetros), ni la concesión de líneas de ómnibus ni la creación de los subterráneos bastaban para satisfacer las necesidades de transporte en una ciudad como Buenos Aires.
Fue así como, por iniciativa de un grupo de choferes, el 24 de septiembre de 1928 apareció el primer “taxi-colectivo”. Se trataba de una idea simple: repartir entre los pasajeros el costo de un coche de alquiler, sobre un recorrido fijo. En el auto cabían cuatro pasajeros en el asiento de atrás y otro junto al chofer, adelante. Su conductor ofrecía a los gritos, un viaje desde Lacarra y Rivadavia al módico precio de 20 centavos hasta Caballito y de 10 centavos –lo mismo que el boleto obrero en tranvía- hasta Flores. Como se ve, se trataba de la versión década de 1920 de nuestras combis actuales, aunque a precios más reducidos.
El invento tuvo éxito, por lo que comenzaron a florecer las líneas con más de un coche, cubriendo los trayectos más diversos. Para diferenciarlas, un número colocado sobre el parabrisas y un cartel indicaban el recorrido. La iniciativa, como suele suceder, despertó el interés de las autoridades y, luego del derrocamiento de Yrigoyen, las municipalidades tomaron cartas en el asunto para regular, ordenar y reservarse el derecho de concesión de este nuevo servicio.
“El bondi”
Aunque con el tiempo pasó a denominar también al colectivo, el término “bondi” corresponde en realidad al tranvía. La expresión proviene del Brasil y la manera particular en que los brasileños pronunciaban la palabra inglesa Bonded, que era la parte del nombre de una de las primeras empresas tranviarias de ese país, la Bonded Tramway Company.
Fuente: Clarín, “Billetes y estampillas de los 200 años: muchas monedas y ninguna. Revista 9, Arte Gráfico Editorial Argentino, 2010.-
ACTIVIDAD PARA PENSAR
A JUGAR!
A continuación, verás una secuencia de los cuadrados. A partir de algunas pistas que te daré, trata de descubrir cuál es la nueva secuencia que quedaría conformada.
(La solución la puedes enviar a direccionnmo@gmail.com)
Ayudas:
- El cuadrad que contiene una estrella ya no comparte un lado vertical con el cuadrado con un triángulo.
- Uno de los cuadrados no ha sido movido.
- El cuadrado que contiene la estrella ahora se encuentra en la fila de arriba.
- La estrella permanece más a la derecha que el círculo.
-Fuente: Charles Phillips “50 juegos de pensamiento estratégico”. Editorial Albatros, 2009.-