POR DANIEL DEU

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CULTURA ARGENTINA (Parte X) - “La libreta del almacén del barrio”

Así como el peso moneda nacional era un “mango”, las monedas de centavos eran “chirolas” o “guitas” desde el mismo nacimiento lunfardo.  Para la década de 1930 se habían sumado nuevas denominaciones populares.  Los “canarios” de cien pesos se convirtieron en “gambas” (porque con dos se podía andar) y los por entonces casi mitológicos billetes de mil nacionales se transformaron en “lucas”, nombre utilizado en la germanía madrileña y también en Lima para hablar de millares.  Para todos estos valores había posibilidades de consumo vinculadas al ocio y el entretenimiento.

Los chicos miden en guitas

Para cualquier chico de esa época el costo del mundo cotidiano se medía en “guitas”.  Los viejos “cobres” de dos centavos, muchos de ellos acuñados en el siglo anterior (y ya oscurecidos y desgastados por el paso de mano en mano hasta casi borrarles el “dibujo”), además de su valor de cambio, tenían otros usos muy apreciados, como el contribuir al susto de los pasajeros de los tranvías cuando se los ponía sobre los rieles.  La pesada moneda quedaba aplastada en un disco por el paso del coche, en medio de un sacudón y los insultos del guarda.

Cinco guitas era la medida de casi todo lo que podía comprar un chico de alrededor de diez años.  Lo más económico eran las galletitas (algunas se vendían a cinco centavos el cuarto), las figuritas que comenzaban a traer los retratos de los “cracks” de fútbol (que por esos años pasaba el amateurismo a la condición de deporte profesional) y el lápiz negro, que en más de una pared dejaba frases como “Boicot al Cacho”, antecedente lejano de los grafitis y del escrache.

Caramelos y otras golosinas eran algo más caros, aunque en verano pocos se podían resistir a la tentación de un Kelito o un Nanuk, que anticipaban el “palito, bombón, helado” de la venta ambulante.

Los grandes cuentan en mangos

Para los “grandes”, desde la adolescencia en adelante, “hacer el mango” era por lo general bastante duro en tiempos de recesión y falta de trabajo, lo que no quitaba que a la hora del ocio y de la diversión siempre se hallara la forma de pasarla lo mejor posible.

Un baile en el club de barrio, una salida familiar con cine matiné y pizza incluidos, una salida de novios con la ineludible chaperona y la esperanza de que se durmiera en la función de continuado, un sábado en el teatro de revistas o, para los más intelectuales, una función de teatro independiente, todo era posible en la Argentina de entonces.  Desde los jóvenes paseando por la calle Florida con su traje dominguero, la camisa almidonada y los zapatos bien lustrados que se podían conseguir en la casa Tonsa a $15, hasta las damas tomando el té en la Richmond, en Harrods o en La Ideal.

Fuente: Clarín, “Billetes y estampillas de los 200 años: muchas monedas y ninguna.  Revista 11, Arte Gráfico Editorial Argentino, 2010.-

ACTIVIDAD PARA PENSAR

A JUGAR!

Fernando encuentra este desafío estratégico al jugar un juego llamado “Explorador alfabético” en su teléfono celular.  Se siente un poco desalentado porque la geografía es uno de sus puntos débiles.  Para resolver el juego, cada óvalo debe contener una letra diferente desde la “A” hasta la “K” inclusive, sin tener en cuenta la “Ch”.

Pequeñas ayuditas: (cuando las pistas hacen referencia a la expresión “se dirige hacia”, significa en cualquier ubicación a lo largo de la misma línea vertical u horizontal).

  1. “B” se dirige hacia el oeste de “A”, que está al lado de “J” y se dirige hacia el norte de “J”
  2. “E” está más al este que “D”
  3. “G” se dirige hacia el norte de “E” y hacia el oeste de “C”
  4. “I” está al lado de “H” y se dirige hacia el norte de “H”, que está más al norte que “F” y que “C”
  5. “K” se dirige hacia el norte de “D” y hacia el oeste de “F”

Ayuditas para pensar: utiliza el lápiz para probar con las diversas combinaciones de letras en una hoja de papel.

(La solución la puedes enviar a direccionnmo@gmail.com)

-Fuente: Charles Phillips, “50 juegos para el pensamiento estratégico”.  Eddison Sadd Editions, 2009.-

 

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