CULTURA ARGENTINA (Parte XII) - “Todo el mundo a bailar”
En las décadas de 1940 y 1950, el baile constituía una forma de sociabilidad no solo para los jóvenes sino para los argentinos de prácticamente todas las edades. Ya fuese en los salones o “dancing”, ubicados en zonas más o menos céntricas de las ciudades, o en los más populares clubes de barrio, tangos, pasodobles, valses, eventualmente rancheras, polcas y chamamés en algunos casos, rumba, mambo y bayón en otros, convocaban a multitudes de parejas en las pistas.
En el club del barrio
Los clubes de barrio habían aparecido a principios del siglo XX. Generalmente tenían una canchita de futbol, otra de bochas y un buffet en el que los socios jugaban a las cartas o al dominó mientras tomaban y comían algo. Allí se encontraban los chicos, entre mandado y mandado, o a la salida de la escuela. Los clubes eran, sobre todo, lugares de encuentro.
En los clubes de barrio era infaltable el baile popular, para un público familiar, que cuando el tiempo lo permitía se hacía al aire libre. Allí los muchachos bien empilchados cabeceaban para sacar a bailar a las chicas, que, la mayoría de las veces, estaban sentadas al lado de sus madres. Así nació más de un romance, con noviazgo, casamiento y familia como corolarios naturales.
Mientras los jóvenes bailaban, las madres de las muchachas no le perdían la mirada al galán, para comprobar que no “se propasase” con la nena. Solo cuando ya había noviazgo en curso, como signo de confianza, los novios podían empezar a concurrir solos.
Un sábado a la noche, si actuaba una orquesta típica de algún renombre, un club de barrio podía reunir a mil o más personas dispuestas a bailar. No solo de tango vivía la diversión: eran infaltables los pasodobles, algún vals y los ritmos modernos, basados en el jazz. Los tangos más esperados eran los sentimentales, anticipo de los boleros y los lentos de décadas posteriores.
Gran parte del éxito de Cuartito azul, de Mariano Mores y Mario Battistella, se suele atribuir a la preferencia de los muchachos a la hora de decir algo dulce al oído de su compañera de baile.
Los “dancing”
Fuera del club, se bailaba en salones o “dancing”, precursores lejanos de las discotecas y boliches, solo que, por lo general, la música era en vivo. Los había de todas las categorías, los estilos, los gustos y presupuestos: desde el Roof Garden del Hotel Alvear, animado por la orquesta de Don Dean, para los más exclusivos, hasta los más “de avería” de los suburbios lejanos, que no pocas veces eran escenario de alguna trifulca entre los últimos exponentes del malevaje, ya en franca retirada ante la urbanización acelerada. En la periferia, algunas pistas eran cercadas con bolsas de arpillera para evitar a los mirones y colados.
Los recién llegados a la ciudad, llamados despectivamente “cabecitas negras” para la clase media urbana, tenían sus propios lugares de baile y diversión: el Salón Bonpland, el Kakuy, el Palermo Palace y el Salón Norte en Palermo, el Palacio de las Flores en Retiro, La Carreta, el Círculo Santiagueño, Provincianos Unidos, el Monumental y la Salamanca de Flores y el Salón Verdi en La Boca. En su cuento “Las puertas del cielo”, del que sentiría luego algún remordimiento, Julio Cortázar dejó expresada la mirada discriminatoria con que muchos porteños veían a esos “bailongos” y “bailantas” y sus concurrentes, que señalaban la presencia del interior en la gran ciudad allá por los años cuarenta.
Los bailes de Carnaval
Todo club que se preciara de su inserción en el barrio o de su masa de socios o logros deportivos, junto con los bailes con que animaban los fines de semana, buscaba lucirse en su ocasión especial: “los cuatro días locos” del Carnaval, cuando intentaban opacar a las demás instituciones barriales y hasta a los mismos corsos en cuanto a concurrencia. Para ello trataban de contratar a las orquestas de Juan D´Arienzo, Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Alfredo De Angelis o el eterno Francisco Camaro y cantores como Alberto Castillo. Hacia fin de la década de los cuarenta, con el fortalecimiento del sindicalismo, clubes gremiales, como los de Comunicaciones, Obras Sanitarias o Luz y Fuerza, entraron de lleno en esta competencia por los más lucidos bailes de Carnaval.
Fuente: Clarín, “Billetes y estampillas de los 200 años: muchas monedas y ninguna. Revista 12, Arte Gráfico Editorial Argentino, 2010.-
ACTIVIDAD PARA PENSAR
A JUGAR!
A menudo, cuando nos enfrentamos a una nueva situación o a un nuevo problema, es muy común, que para intentar resolverlo, nos basamos en experiencias anteriores y nos formamos un juicio rápido y equivocado. Damos por sentado muchas cosas, averiguamos poco acerca de ellas, y nos apresuramos hacia conclusiones erróneas.
Dicho esto, te sugiero que intentes resolver el siguiente “acertijo” con el apoyo de tu pensamiento lateral.
El ACERTIJO: NEUMÁTICO DESINFLADO
Un hombre se levantó una mañana y descubrió que uno de los neumáticos de su automóvil estaba totalmente desinflado.
A pesar de ello, subió a su auto y condujo 100 kilómetros para visitar a uno de sus principales clientes. Luego condujo los 100 kilómetros de vuelta. No reparó ni infló el neumático. ¿Cómo se las arregló para realizar el viaje? (La solución la puedes enviar a direccionnmo@gmail.com)