POR DANIEL DEU

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ESTOY DE MENTE (PARTE II)

Otro aspecto de nuestra mente que nos trae bastantes inconvenientes es la toma de decisiones. Por lo general

Otro aspecto de nuestra mente que nos trae bastantes inconvenientes es la toma de decisiones. Por lo general creemos que cuántas más opciones tengamos para tomar una decisión mejor es. Sin embargo, es todo lo contrario. Debemos contemplar una barrera que está enquistada en nuestro inconsciente: hábitos
y comportamientos. En el plano laboral hasta no hace mucho tiempo “trabajar” era sinónimo de “estar en la oficina”. Hoy, en cambio, uno puede decidir responder correos electrónicos desde su Smartphone un domingo por la mañana mientras disfruta viendo el partido de tenis que está disputando su hija.
Cuando proliferan las opciones en el proceso de toma de decisiones tiende a ser más exigente y estresante el trabajo de nuestro cerebro.
Barry Schwartz, psicólogo estadounidense, denomina a este fenómeno “paradoja de la elección”. Esto sucede por dos razones principales. Por un lado, es más difícil elegir entre múltiples opciones que difieren entre si sólo en detalles. Habitualmente sucede que se arma una maraña de interrogantes que no
podemos administrar y que no paraliza. Por el otro, cuando finalmente llegamos a una decisión, nos quedamos con un sentimiento de inseguridad e insatisfacción mayor que si hubiésemos tenido que elegir entre pocas opciones. ¿Porqué? Ninguna de las alternativas es perfecta ni todas las desechadas son tan imperfectas. Siempre habrá, en las no elegidas, alguna virtud que lamentaremos no tener. Por otra parte, la multiplicidad incrementa las expectativas. Cuando había un solo jean para comprar, uno iba, lo adquiría y sabía que podía quedar un poco largo o un poco ancho. Y estaba bien…no había otro. Ahora, con tantas posibilidades, queremos el que nos queda perfecto. Sino lo logramos, nos frustramos. Para colmo, cuando había uno solo, la culpa era el Universo, que no nos daba alternativa. Ahora, la responsabilidad es nuestra.

Como la “libertad de elegir” muchas veces nos pesa, empezamos a ver con buenos ojos la tan vilipendiada rutina. Es cierto, “rutina” es un término cargado de valoraciones negativas. Sin embargo, hacer algo todos los días de la misma manera significan o tener que tomar decisiones. Esos hábitos repetitivos terminan definiendo a una persona, volviéndose parte de ésta. Decidir entraña siempre el peligro de equivocarse, es una actividad que consume energía, requiere  esfuerzo, produce desgaste psicológico, cansa. Por eso, para aliviar nuestra existencia ayuda mucho tomar algunas decisiones de una vez y para (casi) siempre.
El genial neurólogo inglés Oliver Sacks decidió erradicar de su vida algunas decisiones y, por lo tanto, ¡desayuna, almuerza, merienda y cena exactamente lo mismo todos los días! Su filosofía de vida consiste en tomar la mínima cantidad de decisiones en los temas que no le interesan. Así es como todas las noches consume una lata de sardinas con arroz luego de vivir una jornada de trabajo plagada de novedades y decisiones difíciles.


Fuente: Santiago Bilinkis, “Pasaje al futuro”, Random House Grupo Editorial, 2016.-

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