HABLANDO DE JUEGOS OLÍMPICOS
Una diferencia entre los griegos y Roma era que, mientras Roma era claramente un
imperio con una cabeza bien definida, los griegos, estaban organizados en ciudades-
estados, que se pasaban peleando entre ellas. Sólo una vez cada cuatro años estas
peleas cesaban, y era ocasión de los juegos de la ciudad de Olimpia. No eran los únicos juegos, aunque sí los más famosos. Tanto, que se empezó a utilizar el lapso entre ellos como medida de tiempo.
La fecha de la realización de los juegos era anunciada por mensajeros, considerados
sagrados. La convocatoria tenía una enorme repercusión. Miles y miles de “hinchas” se dirigían a Olimpia, congestionando las siete carreteras que allí llegaban. Por supuesto concurría toda la alta sociedad, y las ciudades enviaban sus embajadas.
Competían ropa y adornos, observándose unos a otros los penachos, los cintos y los
uniformes (igualito que en una velada de gala en el Teatro Colón).
Particularmente las mujeres iban para ser vistas (sin comentarios), ya que, de hecho, tenía el acceso prohibido a la zona de competencias. En una ocasión la madre de un
luchador se disfrazó de hombre para entrar en la arena; pero en la euforia porque su hijo había puesto de espaldas al rival, se le cayó el disfraz y fue descubierta. Se salvó de la muerte, que era el castigo que le hubiera correspondido, pero, a partir de ese momento, los atletas y entrenadores debieron acceder al estadio desnudos.
La competencia más importante, y primera en realizarse, era la carrera de los 211 metros. Seguían los de 400 metros, y la de 14 kilómetros. Más tarde venían las pruebas de lucha y boxeo, las que no eran precisamente delicadas. Tampoco estaban ausentes de la competencia las pullas y los chascarrillos, como bien lo muestran estos versos anónimos referidos a un boxeador llamado Hestratolón:
“Oh Hestratolón,
después de 20 años de ausencia
Ulises fue reconocido por su perro Argos.
A ti, después de 4 horas de sopapos
no te reconocerá ni tu perro”.
Después venían las carreras de caballos y, finalmente el Pentathlón, el más distinguido de los juegos. Tan importante era la tregua que se establecía en ocasión de los juegos de Olimpia, que de allí surge la historia del pobre Leónidas, el que, con 300 espartanos, se quedó a cuidar el desfiladero de las Termópilas, en el momento de la invasión de los persas. Los juegos eran amateurs, lo cual no quitaba que las ciudades, bajo cuerda, premiaran a los atletas.
Además, éstos eran objeto de admiración y halago, se escribía sobre ellos, y
se les levantaban estatuas. Como pueden ver, el “divismo” no es cosa de hoy.
El gran olvidado de aquella época es Fidípides, que fue el hombre que corrió a Atenas para dar la noticia de la victoria de Marathón. La batalla de la llanura de Marathón fue la victoria definitiva de los griegos sobre el ejército persa, en el 400 y pico antes de Cristo. Filípides murió luego del esfuerzo. La carrera de Marathón se ha convertido en un clásico de las modernas Olimpíadas, pero del pobre Filípides no se acuerda nadie.
ACTIVIDAD PARA APRENDER
Hablando de la versión moderna de los Juegos Olímpicos, cabe decir que, a lo largo de
los años y los encuentros, nuevas disciplinas se han ido incorporando. Tal es el caso del
tenis de mesa, sobre fines de los años ´80. Y del tenis de mesa trata este acertijo.
Estamos en la playa, jugando al ping pong sobre una terraza de hormigón. La pelota cae
en uno de los hoyos donde se insertan las sombrillas, que tiene un diámetro ligeramente
mayor que la pelotita. Con la mano no podemos sacarla, ¿qué hacemos entonces? (La
solución la puedes enviar a info@nmoneurocapacitacionludica.com)