Primeras expresiones del ajedrez en Argentina (Parte I) "Conquistadores y colonizadores Europeos"
Hace más de cuatro años, más precisamente en el mes de octubre del 2020, escribía el primer artículo de este espacio “Juego y Cultura”, y, precisamente, estaba dedicado al ajedrez de la vida.
Quiero comenzar el año 2025 retomando nuevamente el tema, ya que considero que jugar al ajedrez es clave para el desarrollo cognitivo: estimula la concentración, la memoria, la atención, la coordinación, la abstracción; para el desarrollo de habilidades como la capacidad para resolver problemas, mejorar el pensamiento crítico, la empatía, el pensamiento creativo. También contribuye a potenciar el desarrollo de valores: respeto por los demás, responsabilidad de los propios actos, tolerancia con las frustraciones, a mejorar los modales, etc. Por último, también cabe mencionar que contribuye con el desarrollo de las habilidades de planificación: anticipación de acciones, elaboración de estrategias que son esenciales para el éxito en la vida académica, personal y profesional. Me parece que los descriptos son motivos suficientes para imitar al Parlamento Europeo y aprobar la introducción obligatoria de este juego ciencia en todos los niveles del sistema educativo argentino.
En el “Café de los Catalanes”
Algunos estudiosos afirman sin temor a equivocarse que el ajedrez ingresó a nuestro país, y al continente americano, en tiempo de los conquistadores y colonizadores europeos. Españoles y portugueses, principal, y, primeramente, aunque también más al norte ingleses, franceses y holandeses serían los portadores de esta buena nueva a un territorio que irían ocupando progresivamente las potencias de la época.
Lo cierto es que el ajedrez, más allá de los ámbitos en que comenzó a jugarse en estas tierras, lo hizo en una fase que podría considerarse tempranísima teniendo en cuenta que la segunda fundación de la Ciudad de Buenos Aires fue en 1580: apenas treinta años más tarde ya había un reducto donde el ajedrez comenzaba a ver la luz.
Para 1819, en el Café de los Catalanes, el mismo que sobrevivió hasta inicios del siglo XX y que estaba instalado en la esquina de Cangallo (hoy Perón) y San Martín, de la Ciudad, se disputaban los juegos de ajedrez y billar. Ergo, desde el primer relato que se dispone sobre el ajedrez en el Virreynato del Río de la Plata, que lo ubicaba en un reducto no del todo honesto, dos siglos más tarde, y ya lograda la independencia del territorio, las cosas habían evolucionado pudiéndose comprobar que el juego pasa a instalarse en otros ámbitos presumiblemente más honorables.
El Club del Progreso
Fue en este club, fundado por la élite liberal de la época un 25 de mayo de 1852, donde se canalizaría por excelencia la pasión ajedrecística en aquellos primeros años pioneros. Y su importancia señera se prolongaría por toda la segunda mitad del siglo hasta inicios del siguiente. Se cree que en la década del 50 del siglo XIX existían otros lugares donde el ajedrez se jugaba en Buenos Aires. Entre ellos “los primeros centros comerciales, sportivos y sociales” como el ubicado en la calle San Martín 44 y el Club Alemán, fundado en 1855.
Durante esa época y en el Club del Progreso, todo lo que tuviera algún barniz intelectual era muy bien visto y funcional a la idea que tenían ciertos sectores con respecto a sí mismos (se consideraban la “clase pensante” de la época). El ajedrez entraba, por supuesto, en esa categoría.
El ajedrez y la alta sociedad
Está visto que el ajedrez argentino, desde sus propios comienzos, estuvo siempre muy vinculado a los grupos de mayor influencia social. Y de hecho buena parte de su actividad se desplegaba en lugares ubicados en las manzanas vecinas a Plaza de Mayo, centro político principal del país, a lo largo del tiempo. Hay referencias de distintos personajes de nuestra historia que tenían a este juego entre sus aficiones, como el Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, Bernardo Monteagudo, Juan José Castelli, el Libertador José de San Martín, Juan Manuel de Rosas, Juan Lavalle, Bernardino Rivadavia, Florencio Varela, los hermanos Bartolomé y Emilio Mitre, entre otros.
En el caso de nuestro Libertador, el general Gerónimo Espejo, quien acompañó a San Martín en su gesta emancipadora por Chile y Perú, al recopilar posteriormente sus memorias de las campañas libertarias en varios libros, testimonió que jugaba al ajedrez, y bastante bien.
Fuente: H.S.N., Sergio Negri y Enrique J. Arguiñariz. “Historia del ajedrez olímpico argentino –la generación pionera 1924-1939-”. Secretaría Parlamentaria, Dirección General de Publicaciones,2012.-
ACTIVIDAD PARA PENSAR
A JUGAR!
Una de las principales virtudes que caracteriza al ajedrez es su capacidad para desarrollar el pensamiento creativo. El siguiente desafío involucra a dos relojes de arena.
En uno de mis viajes a París, un fuerte olor a pan horneado me llevó hasta una pequeña panadería. Aunque las luces de los apliques del establecimiento estaban apagadas y el local parecía desértico, era evidente que el olor surgía de allí.
La puesta estaba entreabierta, así que me animé a pasar. La escena que me encontré era lamentable: una mujer cubierta de harina lloraba junto a un gran reloj de arena que evidentemente se había caído de la encimera y se había hecho añicos contra el suelo.
-¿Y ahora cómo voy a medir el tiempo de horneado?- preguntó entre sollozos la mujer cuando me vio en la puerta de entrada-. Tengo dos relojes de repuesto en el piso de arriba, pero miden siete y once minutos cada uno, y esta masa tiene que hornearse durante quince minutos exactos.
Me quedé unos minutos en silencio para analizar el problema; llegué a la conclusión de que era bastante fácil resolverlo. ¿Qué hubieses hecho tú en mi lugar?
(La solución la puedes enviar a danieldeup@gmail.com)