POR DANIEL DEU

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¿QUIÉN DECIDE? - Yo o mi cerebro (Parte I)

Autor: Dr. Mgtr. Daniel Deu
 

        COMENCEMOS EL VIAJE…

 

Las neurociencias han demostrado que la mayoría de nuestras decisiones están preparadas por procesos neuronales de los que no somos conscientes más que parcialmente. 

Dicho esto, cabría preguntarnos entonces, si somos realmente responsables de nuestros actos y hasta qué punto esos mecanismos están influenciados por el conjunto de experiencias que hemos vivido.

En este artículo me interesa desarrollar particularmente la relación que existe entre el libre albedrío y el proceso de la toma de decisiones.

 

Es importante destacar que la existencia o no del libre albedrío ha sido un tema central a través de la historia de la Filosofía y de la Ciencia.  El punto de vista cotidiano, de sentido común, es que las personas tienen la capacidad de elegir su propio curso de acción, de determinar su conducta y, en ese sentido, tienen libre albedrío.  Al mismo tiempo, esta libertad se ejerce sólo dentro de ciertos límites determinados por factores ambientales o socioculturales, es decir, grados de libertad.  En cambio, desde algunas perspectivas biológicas y psicológicas, se establece que la conducta humana se determina genéticamente o, por otro lado, por eventos o estímulos externos y que las personas responden de manera pasiva ante ellos.  Y, en este sentido, no son libres (Claudio Cerviño, 2013).

 

        ¿QUÉ ENTENDEMOS POR LIBRE ALBEDRÍO?

 

Aunque no sea de conocimiento generalizado, los actos humanos tienen como causa próxima, inmediata, la actividad mental consciente, que incluye cuatro conceptos fundamentales.  Ellos son: autoconciencia, intencionalidad, autonomía y autoría.  De ser así, los podemos considerar como actos libres, racionales y voluntarios de una persona.  Sin embargo, existen dudas acerca de que nuestro cerebro realmente nos permita llegar a esa instancia.

Una de las ideas más potentes del circuito neuronal de Freud quedó apenas sugerida en El proyecto.  Las neuronas phi (sensaciones) activan las neuronas psi (memoria), que, a su vez, activan a las neuronas omega (conciencia).  Es decir, la conciencia se origina en los circuitos inconscientes no en los conscientes.  Este flujo sentó un precedente para tres ideas entrelazadas y decisivas del estudio de la conciencia:

  1. Casi toda la actividad mental es inconsciente.
  2. El inconsciente es el motor genuino de nuestras acciones.
  3. El consciente hereda y, en cierta medida, se hace cargo de estos chispazos del inconsciente. Si esto no le da al consciente la autoría genuina del accionar, al menos le asigna la capacidad de manipularlo y, eventualmente, vetarlo.

Se ha llegado a la conclusión de que los actos de albedrío son conscientes e intencionales.  Es importante aclarar que un acto es voluntario (intencional) sólo si es un acto consciente con propósitos.  El sentido de la libre voluntad procede de conjugar: a) la imagen consciente de un objetivo; b) el deseo consciente de alcanzarlo, y c) saber cómo lograr ese objetivo.  La libre voluntad también implica la toma de decisiones conscientes.

Si no se cumplen estas condiciones, ese acto será considerado como involuntario; accionado inconscientemente y carente de libre albedrío.  En este contexto, estaríamos habilitados a decir que la voluntad y la toma de decisiones no son una entidad, sino que surgen desde una actividad neural.

 

        LAS FUNCIONES EJECUTIVAS CEREBRALES

 

Las funciones ejecutivas cerebrales (FEC) intervienen en la coordinación general del pensamiento; nos permiten llevar adelante ciertos esquemas (formulación de metas, selección de respuesta, programación, y finalmente, la toma de decisiones) y concentrarnos en las actividades que estamos desarrollando. 

Dentro del campo de las neurociencias, las áreas de asociación de la corteza cerebral ponen en marcha una integración de nivel superior al procesamiento que llevan a cabo las áreas sensoriales y motoras, con lo que se convierten en el nexo entre la neocorteza motora y la sensorial.  Se trata de áreas que modifican su respuesta en función de diferentes circunstancias y que se han relacionado con las funciones cognitivas superiores, como la atención, el lenguaje, el razonamiento o la toma de decisiones.

En lenguaje llano podríamos decir que las funciones describen un conjunto de procesos de control cognitivo que nos permite utilizar nuestras percepciones, el conocimiento que tenemos del mundo y de nosotros mismos, y la información relacionada con nuestras metas y preferencias para seleccionar la acción o los pensamientos de una multitud de posibilidades y opciones, adecuándolas a las demandas ambientales.  Se trata de procesos cognitivos que nos hacen capaces de suprimir algunos pensamientos y activar otros, permitiéndonos incluso simular planes y considerar las posibles consecuencias de dichos planes.  Las funciones ejecutivas dan sustento a la flexibilidad cognitiva, facilitando que podamos pensar y actuar de manera creativa y original.  Dependiendo de las circunstancias en las que se ponen en marcha, dichos procesos pueden ser conscientes o no conscientes.

 

Retomando algunos conceptos utilizados en neurociencias, cabe destacar que dentro de las áreas de asociación que intervienen en la toma de decisiones, se destaca la corteza de asociación frontal.  Hay que tener en cuenta que tradicionalmente a los lóbulos frontales como la parte del cerebro subyacente a aquellos aspectos que definen y caracterizan a los seres humanos, como el lenguaje, la personalidad, la inteligencia, el pensamiento abstracto, las funciones ejecutivas, la cognición social, el control atencional, etcétera.

La toma de decisiones requiere la integración y la evaluación de múltiples factores.  Unos factores son externos a nosotros, mientras que otros son de naturaleza interna.  Uno de los primeros factores que se tiene en cuenta es el valor: antes de tomar una decisión, se analiza y compara el valor de cada una de las opciones posibles.  En este sentido, la corteza prefrontal dorsolateral y la corteza cingulada anterior dorsal actúan de manera conjunta y complementaria para comparar diferentes opciones, elegir e implementar la elección en el curso de una acción y promover, de este modo, la consecución de la opción más valiosa para nosotros.

Las FEC pueden agruparse en cinco actividades encefálicas: a) memoria de trabajo, b) interiorización del lenguaje o auto-instrucción, c) tono de vigilia y atención, d) autocontrol de la motivación/emociones, y e) reconstitución (Cerviño, 2010a).

Por último, es importante destacar que la actualización es un aspecto esencial en la toma de decisiones dado que nuestras preferencias van cambiando constantemente a lo largo del tiempo fruto de las experiencias que vamos teniendo.

ACTIVIDAD PARA PENSAR

¡A JUGAR!

Edgar Allan Poe se destacó además de sus exquisitos poemas, por adentrarse en el misterioso y extraordinario universo del terror.  Ha sido un verdadero maestro en el planteo de ingeniosos acertijos.  Te invito a que intentes descifrar el que te plantearé a continuación.

 

UNA VISITA DE LA SRA. SARGENT OSGOOD

En los últimos tiempos, mi relación con la señora Sargent Osgood ha dado un giro interesante y ahora aguardo sus visitas con gran expectación.

En una de las más recientes, me tomé la libertad de preguntarle su edad durante una conversación particularmente ingeniosa.  Me dirigió una mirada censuradora, pero aun así me respondió, aunque en términos un tanto crípticos.

-Dentro de seis años tendré tres veces la edad que tenía hace dieciocho años.

¿Qué edad tiene ahora?

 

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